Hablar de perspectiva de género es mucho más que mencionar a mujeres y hombres en una oración. Es una herramienta de análisis que nos ayuda a entender cómo se construyen las desigualdades en la sociedad, cómo se perpetúan y, sobre todo, cómo podemos transformarlas. Su aplicación va desde las políticas públicas hasta la vida cotidiana, y es clave para lograr una sociedad más justa, equitativa y resiliente.
La base: género no es lo mismo que sexo
Primero lo primero: sexo se refiere a las características biológicas con las que nacemos (como los genitales, los cromosomas y las hormonas), mientras que género es una construcción social. Es decir, son los roles, normas, comportamientos y atributos que una sociedad considera apropiados para hombres, mujeres y otras identidades. Estos roles varían con el tiempo y entre culturas.
Por ejemplo, la idea de que las mujeres deben cuidar y los hombres proveer no es una ley natural, sino una construcción social que ha sido reforzada por instituciones como la familia, la educación, los medios de comunicación y las religiones.
¿Qué es la perspectiva de género?
La perspectiva de género es una forma de analizar y actuar en el mundo que:
- Reconoce que existen desigualdades entre los géneros producto de factores sociales, culturales, políticos y económicos.
- Cuestiona las relaciones de poder que perpetúan estas desigualdades.
- Propone transformar esas estructuras para garantizar la equidad.
Aplicar la perspectiva de género significa visibilizar cómo las personas se ven afectadas de forma distinta según su género, y diseñar acciones específicas para atender esas diferencias. Es una forma de ver y actuar que busca justicia social.
Un ejemplo simple: género en el trabajo
En América Latina, las mujeres tienen una mayor participación en empleos informales y no remunerados, como el trabajo doméstico o de cuidados, que históricamente ha sido invisibilizado y subvalorado. Según la CEPAL, en promedio, las mujeres dedican el triple de tiempo que los hombres a estas tareas no remuneradas (CEPAL, 2021). Sin perspectiva de género, este desequilibrio pasa desapercibido; con ella, se identifica como un problema estructural que debe abordarse.

¿Y en la política pública?
Incluir perspectiva de género en las políticas públicas implica garantizar que las decisiones no reproduzcan desigualdades. Esto va desde desagregar los datos por sexo e identidad de género, hasta asegurar la participación efectiva de mujeres y diversidades en los procesos de toma de decisión.
Por ejemplo, en la planificación urbana, considerar la perspectiva de género implica reconocer que mujeres y niñas pueden tener necesidades diferentes de seguridad y movilidad que los hombres. ¿Las paradas de buses están bien iluminadas? ¿Los trayectos son seguros? ¿Se ha consultado a las mujeres del área? Estas son preguntas que solo se hacen desde esta mirada.
Perspectiva de género ≠ sólo mujeres
Uno de los errores más comunes es pensar que perspectiva de género es sinónimo de enfocarse exclusivamente en mujeres. Si bien ellas han sido históricamente las más afectadas por las desigualdades, la perspectiva de género analiza TODAS las identidades: mujeres, hombres, personas no binarias, personas trans, etc.
También permite entender cómo otras dimensiones —como la clase social, la edad, la etnia o la discapacidad— interactúan con el género, generando situaciones de mayor vulnerabilidad o exclusión. A esto se le llama interseccionalidad (Crenshaw, 1989), y es clave para no caer en generalizaciones que invisibilicen realidades complejas.
Aplicaciones prácticas: educación, salud y cambio climático
- Educación: Incorporar la perspectiva de género en el aula no es sólo usar lenguaje inclusivo. Implica revisar el currículo, analizar estereotipos en los libros de texto, y promover relaciones de respeto y equidad.
- Salud: En muchos sistemas de salud, las mujeres son menos escuchadas, y los síntomas femeninos pueden ser subestimados (OMS, 2022). Aplicar esta perspectiva ayuda a garantizar un trato justo y efectivo.
- Cambio climático: Las mujeres, especialmente en comunidades rurales, enfrentan impactos diferenciados del cambio climático por su rol en la gestión del agua, la alimentación y la salud familiar. Incorporar su voz en las estrategias climáticas no es sólo justo, es más efectivo.
¿Por qué es clave hablar de esto hoy?
Porque aún persisten grandes brechas: acceso desigual al empleo, violencia basada en género, representación política limitada, entre otros. La perspectiva de género es una brújula que nos ayuda a identificar estas brechas y construir caminos hacia la equidad.

Pero además, es una herramienta para imaginar y construir futuros diferentes, donde nadie quede atrás. Donde podamos vivir con libertad, respeto y dignidad, sin que el género determine nuestras oportunidades.
Referencias bibliográficas
- CEPAL (2021). Autonomía económica de las mujeres en tiempos de crisis. https://www.cepal.org
- Crenshaw, K. (1989). Demarginalizing the Intersection of Race and Sex. University of Chicago Legal Forum.
- Organización Mundial de la Salud (OMS). (2022). Gender and health. https://www.who.int
