Cada 11 de febrero, el Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia nos invita a reflexionar sobre una realidad que, aunque ampliamente documentada, sigue sin resolverse del todo: la participación de las mujeres y las niñas en la ciencia, la tecnología, la ingeniería y las matemáticas (STEM) continúa siendo desigual.
No se trata únicamente de números ni de estadísticas globales. Se trata de talento desaprovechado, de barreras que comienzan en edades tempranas y de decisiones —personales, institucionales y empresariales— que moldean quiénes tendrán la oportunidad de crear las soluciones que el mundo necesita con urgencia.
En un contexto marcado por la crisis climática, la transformación digital y la necesidad de modelos de desarrollo más sostenibles, esta conversación deja de ser simbólica y se convierte en estratégica.
La brecha en ciencia no empieza en la universidad
Diversos estudios coinciden en que la brecha de género en STEM no surge en la educación superior, sino mucho antes. Desde la infancia, niñas y adolescentes enfrentan estereotipos sobre quién “pertenece” a la ciencia, menor exposición a referentes femeninos y expectativas sociales que influyen en la construcción de sus aspiraciones profesionales.
De acuerdo con UNESCO, aunque las mujeres representan cerca del 45 % de las personas investigadoras a nivel mundial, su participación disminuye significativamente en áreas como ingeniería, tecnología y ciencias aplicadas. En América Latina y el Caribe, el acceso es relativamente mayor que en otras regiones, pero persisten brechas en liderazgo científico, financiamiento y visibilidad.
Esta desigualdad no es sólo un problema de equidad. Tiene impactos directos en la calidad de la investigación, la innovación y la capacidad de respuesta frente a desafíos complejos como el cambio climático, la seguridad alimentaria o la transición energética. La evidencia muestra que equipos diversos generan soluciones más creativas, inclusivas y eficaces.
Ciencia, sostenibilidad y futuro: una ecuación incompleta sin mujeres
Hablar de mujeres y niñas en la ciencia también es hablar de sostenibilidad. La transición hacia modelos productivos más responsables y resilientes requiere pensamiento científico, innovación tecnológica y toma de decisiones basada en evidencia. Excluir —aunque sea de forma indirecta— a la mitad de la población de estos espacios limita nuestra capacidad colectiva de respuesta.

Organismos como ONU Mujeres han señalado que la igualdad de género en STEM es un factor clave para acelerar el cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible, especialmente aquellos vinculados a acción climática, educación de calidad y trabajo decente. No es casualidad: cuando las mujeres participan en el diseño de soluciones, se amplía la mirada sobre los impactos sociales, ambientales y comunitarios.
¿Y qué papel juegan las PYMES en esta conversación?
Existe una percepción extendida de que impulsar la participación de niñas en STEM es responsabilidad exclusiva de gobiernos, universidades o grandes corporaciones. Sin embargo, esta visión deja por fuera a un actor clave: las pequeñas y medianas empresas.
Las PYMES representan una parte fundamental del tejido económico y social en países como Panamá y en la región. Su cercanía con las comunidades, su flexibilidad y su capacidad de generar alianzas locales las convierten en agentes con un enorme potencial de impacto, incluso sin grandes presupuestos.
Invertir —o más bien, apostar— por programas que promuevan STEM y STEAM en niñas no es filantropía aislada. Es una decisión estratégica que contribuye a fortalecer el talento futuro, a coherenciar los compromisos de sostenibilidad y a construir reputación desde la acción concreta.
Acciones posibles: pequeñas decisiones, grandes señales
Desde una perspectiva realista y adaptada a la escala de las PYMES, existen múltiples formas de contribuir sin caer en iniciativas simbólicas o de corto plazo. Algunas de ellas incluyen:
- Establecer alianzas con escuelas, organizaciones comunitarias o fundaciones que ya trabajan en educación STEM para niñas.
- Apoyar programas de mentoría, charlas o visitas guiadas que acerquen a niñas y adolescentes a referentes femeninos en ciencia y tecnología.
- Incorporar actividades de sensibilización interna que cuestionen estereotipos de género y promuevan vocaciones científicas desde edades tempranas.
- Integrar estos esfuerzos dentro de una estrategia de sostenibilidad o responsabilidad social empresarial, evitando acciones aisladas o desconectadas del propósito del negocio.
La clave no está en “hacer mucho”, sino en hacerlo con intención, coherencia y continuidad.
Mirar más allá del 11 de febrero

El Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia no debería ser sólo una fecha para publicar mensajes inspiradores. Es una oportunidad para revisar prácticas, repensar prioridades y preguntarnos qué tipo de futuro estamos ayudando a construir desde nuestros espacios de influencia.
Para las PYMES, este puede ser el punto de partida para una conversación más amplia sobre sostenibilidad, innovación y equidad. Porque invertir en niñas en la ciencia es, en el fondo, invertir en soluciones más justas, resilientes y sostenibles para todas las personas.
