Menstruación, justicia socioambiental y políticas públicas

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a woman holding a menstrual pad

Históricamente, la menstruación ha sido confinada a la esfera privada, velada por estigmas sociales, normas patriarcales y un tabú persistente. Sin embargo, en el marco del desarrollo sostenible y los derechos humanos, la salud e higiene menstrual ha dejado de considerarse un tema biológico aislado para consolidarse como un asunto de equidad de género, economía, salud pública y justicia ambiental.

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A nivel global, el fenómeno conocido como pobreza menstrual (period poverty) —la falta de acceso a insumos de higiene, instalaciones sanitarias dignas, agua potable y educación— impacta a millones de niñas, adolescentes, mujeres y personas menstruantes. Este factor actúa como un freno invisible en el desarrollo humano: según estimaciones del Banco Mundial y UNICEF, entre 1 de cada 4 y 1 de cada 5 niñas en zonas de vulnerabilidad pierde entre el 10% y el 20% de sus días de clase al año debido a la falta de condiciones para gestionar su menstruación de manera segura y sin vergüenza.

A largo plazo, este absentismo recurrente desemboca en deserción escolar y reduce sus oportunidades de liderazgo en el ámbito público y laboral.

La relación entre la menstruación digna y la gestión de proyectos

El debate ambiental sobre la menstruación no debe centrarse en el cuerpo ni en el proceso biológico —el cual es natural e inevitable—, sino en los modelos de producción industrial y las deficiencias en la gestión municipal de residuos.

  • Diseño Industrial Basado en Plásticos: Durante décadas, la industria de productos de higiene femenina ha comercializado de forma masiva artículos desechables compuestos por hasta un 90% de plástico de un solo uso(derivado del petróleo) y blanqueadores sintéticos, sin asumir la responsabilidad sobre el ciclo de vida de estos materiales y sus repercusiones en la salud de niñas, adolescentes y mujeres.
  • Falta de Sistemas de Tratamiento: La ausencia de sistemas de gestión de desechos adaptados a las necesidades menstruales hace que las ciudades y zonas rurales carezcan de métodos de disposición final adecuados, evidenciando una falla en las políticas de saneamiento urbano.
  • Garantizar el Acceso a Alternativas: La transición hacia la sostenibilidad consiste en democratizar el acceso a alternativas más respetuosas con la salud y el medio ambiente —como copas menstruales de silicona médica, ropa interior absorbente o toallas de tela ecológica— garantizando que no sean opciones costosas o inaccesibles, sino derechos al alcance de todas las personas.

Esta perspectiva exige también que la coordinación técnica de proyectos socioambientales, especialmente en labores de campo y conservación en áreas remotas, integre la menstruación como una variable de planificación logística y de cuidado. 

Incorporar la sensibilidad de género en la gestión de proyectos implica:

  1. Infraestructura WASH en Campo: Asegurar que los campamentos, estaciones biológicas o talleres comunitarios cuenten con infraestructura de Agua, Sanidad e Higiene (WASH), garantizando cabinas privadas, agua corriente, jabón y sistemas dignos para la disposición de insumos.
  2. Protocolos Logísticos y Salud Operativa: Diseñar cronogramas de trabajo que reconozcan las necesidades fisiológicas de las y los integrantes de los equipos, evitando jornadas extremas sin acceso a sanitarios y garantizando botiquines comunitarios que incluyan insumos de gestión menstrual y manejo del dolor (dismenorrea).
  3. Garantía de Participación Comunitario-Ambiental: Un proyecto de restauración ecológica o gestión comunitaria de cuencas no es representativo si las mujeres de la comunidad enfrentan barreras de asistencia por falta de infraestructura adecuada en el territorio.

Políticas públicas en materia de gestión menstrual

A nivel internacional y regional, la agenda legislativa ha comenzado a abordar la menstruación desde la equidad económica y la salud. Diversos países (como Colombia, México, Kenia, Reino Unido y varios estados de EE. UU.) han eliminado el impuesto a productos de gestión menstrual por considerarlos bienes de primera necesidad.

Al mismo tiempo, naciones como Escocia han sido pioneras en garantizar insumos gratuitos en escuelas públicas y centros comunitarios, mientras en otras latitudes avanzan debates e implementaciones sobre licencias laborales por dismenorrea severa y la integración de la educación menstrual inclusiva en los currículos escolares.

En este contexto de transformaciones, Panamá busca posicionarse al llevar el debate un paso más allá, integrar la gestión menstrual en su agenda de política climática y gestión ambiental.

a hand holding a menstrual cup with blood
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A través del Plan de Acción de Género y Ambiente (PAGA 2025-2030) (descargar documento en PDF), el país ha establecido una hoja de ruta pionera que reconoce que las decisiones ambientales requieren una perspectiva de género e inclusión real.

Un hito fundamental en este proceso es la Caja de Herramientas PAGA 2025-2030 (consultar documento en PDF), instrumento operativo que dentro de uno de sus módulos dedica un espacio a la menstruación y la gestión de la higiene menstrual. Este documento ofrece guías metodológicas para remover barreras logísticas e institucionales y brinda pautas para la creación de espacios seguros, accesibles e inclusivos, garantizando condiciones operativas dignas tanto para las comunidades como para los equipos técnicos en el territorio.

Transformación cultural entorno a la menstruación

El cambio estructural requiere una transformación cultural que desmonte la vergüenza y combine la acción comunitaria con la incidencia política de alto impacto. En Panamá, la organización Palabras Poderosxs  se ha consolidado como un referente clave en esta lucha, abarcando desde la sensibilización cultural hasta las propuestas legislativas concretas.

Actualmente, Palabras Poderosxs —a través de voceras como Shanta Deva— lidera el impulso de la propuesta de Ley 505 para eliminar impuestos a los productos de gestión menstrual en Panamá. Esta iniciativa legislativa busca exonerar de impuestos a insumos esenciales, beneficiando potencialmente a más de 1.2 millones de mujeres en edad menstruante y generando un ahorro estimado de hasta $84 anuales por persona ($101 millones en total a nivel nacional).

Además, la propuesta proyecta avanzar hacia la gratuidad de insumos en los planteles educativos públicos para evitar que las niñas e itinerantes abandonen sus aulas por no poder gestionar su periodo.

En paralelo a su labor en el ámbito de políticas públicas, la organización promueve la transformación cultural mediante la pedagogía y el arte. Nos llena de satisfacción haber participado en el marco del Primer Concurso de Cuentos sobre la Menstruación 2026: «Historias sin Vergüenza», impulsado por Palabras Poderosxs para demostrar cómo las narrativas locales e internacionales permiten desmitificar procesos biológicos y construir dignidad. Extendemos nuestras felicitaciones a las ganadoras nacionales (@mariannabraunn@emaycharlie@queenelisas), a las ganadoras internacionales (@parteras_en_casa@begoodnutrition) y a las menciones honoríficas (@kimy_kimy21@flor_de_marcuya).

Integrar la menstruación en el debate público, las leyes tributarias y la coordinación logística de proyectos socioambientales es una condición indispensable para el desarrollo. Cuando la sociedad civil organizada impulsa reformas justas, las instituciones norman sobre espacios seguros y las narrativas se construyen sin vergüenza, nos acercamos a un modelo donde la sostenibilidad ambiental y la dignidad humana avanzan verdaderamente de la mano.


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