Durante septiembre, Panamá conmemora el Mes de los Océanos, una oportunidad para recordar la estrecha relación que existe entre estos ecosistemas, nuestro bienestar y la estabilidad del clima. En este contexto, desde Eco Ideas participamos en el Ocean Fest 2.0, una actividad organizada por la Cámara de Reciclaje de Panamá y la Junta Comunal de Bella Vista.
La jornada reunió a empresas, organizaciones, familias y personas interesadas en conocer distintas iniciativas relacionadas con el reciclaje y la protección de los océanos. Sin embargo, algo que nos gustó especialmente fue la manera en que el evento invitaba al público a involucrarse, pues no se trataba sólo de recorrer diferentes puestos de exhibición, sino de participar activamente para completar una experiencia.



Al llegar, cada persona recibía un pasaporte que debía llevar a los distintos stands. En cada parada era posible participar en una dinámica, escuchar una charla o conocer el trabajo realizado por organizaciones y empresas vinculadas con el reciclaje y el cuidado de los ecosistemas marinos. Después de completar la actividad, se recibía un sello y, al reunirlos, se podía obtener un premio al finalizar el recorrido.
Aunque podría parecer un detalle sencillo, este tipo de metodología logra algo importante: despertar la curiosidad y motivar a las personas a acercarse, preguntar y aprender.
¿Por qué necesitamos hablar de los océanos?
Para un país como Panamá, conectado tanto con el océano Pacífico como con el mar Caribe, proteger los ecosistemas marinos debería ser una responsabilidad compartida. Nuestra relación con el océano va mucho más allá del paisaje, la recreación o el turismo; de él dependen actividades económicas, comunidades costeras, medios de vida, alimentos y una extraordinaria diversidad de especies.
Los océanos también cumplen una función indispensable frente al cambio climático. De acuerdo con las Naciones Unidas, absorben aproximadamente el 90 % del exceso de calor generado por el calentamiento global. Asimismo, capturan una parte importante del dióxido de carbono emitido por las actividades humanas, ayudando a disminuir temporalmente la cantidad que permanece en la atmósfera.

Sin esta capacidad de regulación, el aumento de la temperatura global sería todavía mayor.
No obstante, esta función tiene un costo. La acumulación de calor provoca el aumento de la temperatura del océano, contribuye a la expansión térmica del agua y, junto con el derretimiento del hielo terrestre, incrementa el nivel del mar. También afecta a los arrecifes de coral, altera los hábitats y puede modificar la distribución y reproducción de diferentes especies.
La absorción de dióxido de carbono, por otra parte, cambia la composición química del agua y genera un proceso conocido como acidificación oceánica. Este fenómeno puede afectar a corales, moluscos y otros organismos que necesitan carbonato de calcio para formar sus estructuras y caparazones.
En otras palabras, los océanos nos han ayudado a amortiguar parte de los efectos del cambio climático, pero no pueden seguir haciéndolo indefinidamente sin sufrir graves consecuencias.
La basura no desaparece cuando dejamos de verla
A los impactos del cambio climático se suma la contaminación provocada por una gestión inadecuada de los residuos. Una bolsa, una botella, un envoltorio o cualquier otro objeto que se abandona en una calle puede ser arrastrado por la lluvia, llegar a una alcantarilla, pasar a un río y terminar en el mar.
Por eso, incluso cuando vivimos lejos de una playa, nuestras decisiones cotidianas pueden tener consecuencias sobre los océanos.
El Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente estima que cada año entre 19 y 23 millones de toneladas de residuos plásticos llegan a ecosistemas acuáticos como ríos, lagos y mares. Esta contaminación puede provocar que animales marinos queden atrapados, sufran heridas o confundan los residuos con alimentos. Con el paso del tiempo, muchos plásticos se fragmentan hasta convertirse en microplásticos, partículas que permanecen en el ambiente y pueden ingresar en las cadenas alimentarias.

Las jornadas de limpieza son importantes porque permiten recuperar residuos y visibilizar la magnitud del problema, pero deben estar acompañadas por acciones que atiendan sus causas: reducir el consumo innecesario, evitar productos de un sólo uso cuando existan alternativas, separar correctamente los materiales aprovechables, fortalecer los sistemas de recolección y reciclaje y promover la responsabilidad de quienes producen y comercializan estos productos.
Proteger los océanos requiere limpiar, pero también evitar que la basura llegue hasta ellos.
Aprender también puede ser una experiencia familiar y comunitaria
Ocean Fest 2.0 nos recordó que la educación ambiental no tiene que desarrollarse siempre mediante una charla tradicional. También puede construirse a través del juego, la interacción y el encuentro entre personas.


La actividad creó un espacio en el que podían participar personas de diferentes edades. Las familias no sólo compartían una jornada recreativa, sino que también tenían la oportunidad de conversar sobre los residuos, el consumo y el cuidado de los ecosistemas marinos. Estas experiencias pueden ayudar a que niñas, niños, jóvenes y personas adultas relacionen los problemas ambientales con decisiones que toman diariamente.
La conciencia ambiental no surge únicamente al recibir información. También se fortalece cuando podemos relacionar esa información con una experiencia, una emoción o una conversación compartida con otras personas.
Del evento a la acción cotidiana
Un festival no resolverá por sí solo la contaminación marina ni los efectos del cambio climático. Sin embargo, puede abrir una puerta para que más personas comprendan el problema, conozcan a quienes trabajan en posibles soluciones y reconozcan que también tienen un papel que desempeñar.
El reto está en lograr que lo aprendido continúe después de completar el pasaporte y recibir el último sello.
Podemos comenzar observando los residuos que generamos, separando adecuadamente los materiales reciclables, evitando abandonar basura en espacios públicos, apoyando iniciativas locales y compartiendo información responsable dentro de nuestras comunidades. También podemos exigir mejores sistemas de gestión de residuos y políticas que reduzcan la contaminación desde su origen.
Desde Eco Ideas, valoramos que Ocean Fest 2.0 haya combinado educación, participación y convivencia comunitaria. Fue una jornada familiar que permitió aprender, conocer iniciativas y recordar que proteger nuestros océanos no es responsabilidad de una sola organización o sector.
Ojalá este tipo de actividades pueda replicarse en distintos corregimientos, comunidades y provincias del país. Acercar la educación ambiental a los espacios cotidianos permite que más personas participen, hagan preguntas y comprendan que, aunque no todas vivan junto al mar, todas pueden contribuir a protegerlo.
El Mes de los Océanos puede ser el punto de partida para generar conciencia, pero el compromiso debe acompañarnos durante todo el año.
